Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Génesis 2:16, 17.

Esta es la primera mención que aparece en la Biblia acerca del sufrimiento * Se la hace antes de que, históricamente, apareciera el dolor sobre la Tierra. Y, precisamente, Dios hace esta mención PARA QUE NO APAREZCA el sufrimiento en nuestra historia.

Muchos, al leer esta advertencia, ven en ella una amenaza de algo que Dios proactivamente haría contra el hombre si este llegaba a pecar: el castigo de un Dios airado contra aquellos que se atreven a desafiar su autoridad. Pero, en realidad, deberíamos verla como una descripción de las consecuencias que tendría la desobediencia del hombre. No es una declaración prescriptiva (Dios ordena que suframos, que muramos) sino descriptiva (Dios describe las consecuencias).

Por ese motivo, y porque Dios sabía de la tragedia que sobrevendría al hombre si decidía separarse de él y desobedecerle, hizo esta advertencia, para que nunca sucediera tal desgracia. Dios solo quiere nuestra felicidad, nuestro bienestar; y el mal, el dolor y el sufrimiento no formaban parte de sus planes y su voluntad ideal para este mundo.

Dios no desea controlarte neuróticamente ni tenerte en un puño, ni afirmar un egotismo (que no lo tiene) tratando de doblegar tu voluntad para que cumplas sus caprichos. Cuando en su Palabra, y a través de la conciencia y de la sabiduría que ha diseminado en la iglesia y en la cultura, Dios te indica su voluntad moral para tu vida, tiene como único fin apartarte de aquellas conductas que solo te pueden perjudicar.

Aun cuando, por vivir en un mundo en rebelión, es imposible que no dejes de recibir los coletazos de las consecuencias del mal, si decides vivir de acuerdo con la voluntad de Dios no solo reducirás en gran medida la cuota de sufrimiento natural que podrías recibir si vivieras en pecado; también adoptarás conductas que contribuirán a tu paz mental, a una vida ordenada, y al verdadero bienestar y la verdadera felicidad.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie






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